Nosotros vivíamos en Los Ángeles, y teníamos a Jorge, Álvaro, José Ángel y Ana. Todos estaban pequeñillos. Un día Filemón llega con la idea de transportar gente en la camioneta que tenía de repartir leche, yo recuerdo que le dije que con que iba a pagar, él me dijo que poquito a poco, yo me preocupe, pero a pesar de mis dudas siempre lo apoye.

Señora Luz María Sánchez Paniagua

Decidimos vender un terrenito para venirnos a vivir a Getsemaní porque a Filemón le quedaba muy incómodo, tenía que guardar la camioneta en propiedad de don Juan Vicente Camacho y luego caminar más de 6 kilómetros diarios.

Fueron tiempos muy difíciles, de mucha pobreza y las dificultades no faltaron. A mi me dolía ver a los chiquillos tan pequeños trabajando, pero había que hacerlo sino no salíamos adelante. Yo tenía muchas dudas, pero a la vez pensaba que cuando los muchachos crecieran vendrían tiempos mejores y que Dios nos iba a favorecer.

Por mi mente pasan muchas personas que ayudaron a Filemón a salir adelante, que le prestaban dinero y recuerdo que muchas veces nos teníamos que sacrificar para reunir esos dineros y no quedar mal con nadie. Entre ellos recuerdo al recién fallecido Francisco Fallas, consuegro, que fue una gran persona y que nos tendió la mano.

También recuerdo haber tenido en mi cocina choferes, mecánicos y cobradores compartiendo un gallito, porque Filemón me decía que había que regalarles el almuerzo.

Hoy que se ha llegado hasta esta fecha, me parece mentira que hayan pasado 50 años, lo que resumiría en lucha, entrega, sacrificio, honradez, responsabilidad, perseverancia y fe. Doy infinitas gracias a Dios y a la Virgen Santísima porque solo con su ayuda y bendiciones llegamos a esta fecha.

Señora: Luz María Sánchez Paniagua.

 


 

 Inicios de la empresa:

Yo repartía leche en varios lugares con una pequeña camioneta, marca Ford Modelo 1928, y siempre tuve la idea de dar el trasporte, pensé que podía ser un buen negocio, tuve mis dudas pero amigos y vecinos me animaron.

Entonces me decidí a emprender esta aventura con la camioneta a la que llamábamos “Machincha” y después de repartir la leche llegaba a mi casa y mis hijos mayores Jorge y Álvaro siendo chiquillos de 8 y 9 años, bajaban los tarros de la leche, lavaban la camioneta y le colocaban unas bancas de madera que funcionaban como asientos y hacía el primer servicio a la 1:00pm de Getsemaní a Heredia y a las 4:00pm de Heredia a Getsemaní, en ese tiempo se cobraba ¢0,75 según había negociado con la gente.


Tiempos Difíciles:

En aquellos tiempos, no solo yo inicié esta aventura, también recuerdo a mis amigos Juan Jerónimo Sánchez y a Juan Sánchez de San José de la Montaña, fue difícil para todos, en mi caso porque no había carretera era como un riachuelo seco lleno de piedras. Luego decidí vender la camioneta y comprar la primera “cazadora” modelo 1942, un año después invertí en otra “cazadora” modelo 1936 de 36 pasajeros.


Mis hijos, grandes colaboradores:

Mis hijos varones fueron muy valientes porque me ayudaron muchísimo, aun siendo niños cobraban y me ayudaban en los quehaceres, dado a esto no pudieron estudiar, pero gracias a ellos tuve una excelente ayuda.


Gran Ayuda:

No falto la mano de Dios a través de personas que me ayudaron y a choferes como Gonzalo Ramos y Carlos Víquez que una vez que estuve operado se hicieron cargo de casi todo, mis respetos a ellos.


Mis hijos e hijas toman la administración de la empresa:

Algo que me causo mucha tristeza fue cuando mis hijos uno a uno se fueron yendo a hacer sus propias empresas porque ya se habían casado y estaban con sus obligaciones. Aún así me continuaban ayudando pero más

La empresa siguió creciendo y se dieron nuevos recorridos con la extensión a la Plaza de Barrio Santísima Trinidad, se fueron cambiando los buses, recuerdo algunos nombres como La Perla, El Gitano, El Gran Titánic, El Samaritano y El DINA el primer bus que estrene, aquí tenía la ayuda de mi yerno Eliecer Quiros, me ayudo en mecánica y manejando, quien fue como un hijo más para mí porque me ayudó muchísimo


Actual gerencia:

Ya en el año de 1995, la empresa había crecido y necesitaba muchos cambios, yo me sentía cansado y decidí que era tiempo de que mis hijos e hijas tomaran la empresa. Entonces comenzaron a administrar y en este proceso deciden nombrar a una persona para que lleve las riendas de la empresa y poder realizar cambios que se requerían en ese momento. Yo del todo no me desligue, siempre seguí vigilante, aconsejando y ayudando. Y es así como esta hoy con mis hijas al frente de la empresa y me siento satisfecho y orgulloso al ver que todo mi esfuerzo, lucha, dedicación y sacrificio valió la pena.